L’Institut français de Barcelona recomienda la exposición temporal Charlotte Perriand. La libertad de repensar el mundo en la Fundació Joan Miró

modo de aureola, 1928. Foto: Pierre Jeanneret/AChP 2025
Perriand: una creadora con voz propia
Siguiendo una relectura profunda de la arquitectura como espacio vital, como lenguaje y como manera de situarnos en el mundo, Perriand es una figura imprescindible. Fue una de las pocas mujeres que lograron entrar en el gran templo de la creación arquitectónica y urbanística moderna, el Atelier Le Corbusier, y no como ayudante silenciosa, sino como creadora con voz propia capaz de transformar la lógica del diseño moderno. Desde aquellos tempranos años, defendió una idea clave: que el arte, la arquitectura y el diseño son inseparables, una síntesis capaz de cambiar el modo en que vivimos, un principio que resuena de forma natural con la Fundació, donde arquitectura y creación se conciben como una experiencia única.
Con contenido inédito y una mirada que sitúa a Perriand en su ecosistema real (una red de creadores, arquitectos e ideas que atraviesa París, Barcelona, el Mediterráneo y el mundo), esta antológica quiere poner de relieve la fuerza transformadora de una mujer pionera, una creadora que rompió barreras, repensó la relación entre espacio y vida, y entendió el diseño como una herramienta para imaginar un futuro más humano.
Una exposición portada por diversas instituciones
La exposición, organizada con los Kunstmuseen de Krefeld y el Museum der Moderne de Salzburgo, y fruto de la colaboración con la Fundación BBVA, sitúa Barcelona como un espacio de afinidades históricas y creativas. Aquí, el diálogo entre Perriand y Josep Lluís Sert adquiere un protagonismo especial: ambos se conocieron en 1928 trabajando en el taller de Le Corbusier y mantuvieron una amistad y complicidad intelectual que perduró toda su vida. Durante la Guerra Civil y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Perriand incluso acogió a Sert y a Moncha Longás en su pequeño apartamento de París. Más tarde, sus caminos se bifurcaron (Sert y Longás, hacia Estados Unidos; Perriand, hacia Japón e Indochina), pero el flujo de pensamiento y de intercambio nunca se interrumpió. Prueba de ello son episodios como el reportaje monográfico que Sert le dedicó en los años cincuenta o la presencia de Perriand en la inauguración de la Fundació Joan Miró en 1976.