¿Divertir para dominar?

Jueves 6 de marzo a las 19h30

Tertulia filosófica con Inmaculada Cuquerella

“La propaganda es a la democracia lo que la violencia a un Estado totalitario”. Esta analogía provocadora, enunciada por el filósofo norteamericano Noam Chomsky, no puede sino chocar nuestro espíritu ciudadano. Porque decir “propaganda” significa hacer tábula rasa respecto de la capacidad de discernimiento del hombre libre y asestar un golpe fatal en el corazón mismo de la democracia republicana: la soberanía del pueblo, informado y crítico. Y sin embargo… Desde que Edward Bernays publicara, en 1928, su Propaganda. Cómo manipular a la opinión pública en democracia, el pueblo transformado en opinión pública ha ido adoptando conductas borreguiles. El capitalismo se ha convertido en un “hecho social total” que empuja a los individuos, convenientemente adoctrinados desde su más tierna infancia, a consumir y divertirse compulsivamente. ¿Puede entonces decirse que nuestra civilización del ocio contribuye a la domesticación de los pueblos? ¿Es ilusorio pensar que el adoctrinamiento no es esencial para la democracia?

 

Entrada libre

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