CONCIERTO | Alexandre Lacaze

6 de diciembre a las 21:00h en el Fotomatón Bar (Plaza del Conde de Toreno, 2 Madrid).

ALEXANDRE LACAZE bajo L’AVALANCHE ha sido uno de los songwriters de referencia de la escena de culto nacional, lo atestiguan así el reconocimiento de la crítica y más de diez años de giras. El franco español ha defendido su particular visión de la chanson rock con canciones de fuerte presencia literaria, donde la dulzura y la rabia se mezclan con una personalidad fuerte y delicada en escena, habiendo sido comparado por su voz y capacidad para llenar por sí mismo un escenario, con artistas de la talla de Jeff Buckley o Dominique A. Ahora llega con el disco más personal y emotivo de su carrera, Les recifs de l´espoir, un trabajo de brillante madurez, editado por Medusa Prod (Marsella ) y que ha contado con la producción de Stéphane Salerno y la colaboración de un elenco de artistas galos (Lucca Scalambrino, Marin Beranguer y Fred Martines). Les recifs de l'espoir (Los arrecifes de la esperanza) es una obra de belleza extraordinaria, donde la melancolía deja paso a una corriente vitalista, con la voz y las melodías de Alexandre conmoviendo hasta los rincones más profundos del alma. Relato de un naufragio existencial, donde el mar sigue sirviendo de metáfora del viaje vital, de la travesía difícil y de la fe ciega e inamovible en la llegada. La idea del náufrago que una y otra vez es capaz de levantarse pese a estrellarse contra los arrecifes a causa de su esperanza dan título al disco e inspiran las fotografías de estética pop setentera de Carolina Villafruela. Canciones clásicas en un nuevo trabajo lleno de referencias literarias y cinematográficas que van de Truffaut a Conrad y que se abren con “Rue de la soif”, una canción que transmite en toda su fuerza del estribillo la necesidad de respirar (“il faut respirer”) en el ahogo de la relación herida en pareja distinta (“el niño triste del domingo pasaba herido, la chica sol avanzaba y no le daba su mano, de ahogo le insuflaba cada paso”), “Je serai là“ es la revisitación de un tema insigne de Lacaze inspirado en un relato de Schitzler, es la confirmación natural de la evolución más pop y vitalista de un tema que va in crecendo. Le sigue “Coquillage” (“Caracola”), símbolo de la introspección del mar en espiral, el tema más íntimo del álbum, una canción hecha de jirones de piel, mágica, surreal y profunda, un vals latino con ecos de acordeón que nos retrotrae a la infancia “los niños en el parque me preguntaban, ¿muchacho es que no tienes nombre? ...pero mis rodillas se doblaban y yo me salvaba tarareando dentro de mi caracola” La metáfora de la vida como lucha en travesía marítima y la fe del marino dispuesto a dar la propia vida por su capitán, para llegar a la Tierra Prometida quedan reflejados en la épica “Oh dites moi Capitain”, un himno a la esperanza. Por su parte la impactante “Fleurs immortelles” nos lleva de nuevo, dentro de la propia y humana duda, a la esperanza y la luz de la Eternidad, a la posibilidad que tendríamos de hallar en los campos celestiales a los seres amados que perdimos en el viaje. (“Qué habrá detrás de toda esta eternidad / la gente que amamos / las flores inmortales”). Posteriormente, Alexandre, fan de la chanson hace una reinterpretación de lo que sería una melodía clásica, atravesada por el tamiz eléctrico, en la sensual “Halaine” (“Aliento”) cuyos coros iniciales y finales son una sinfonía basada en el exhalo poderoso de la multiplicidad de voces que en directo suele utilizar. “Alice derrière le mirroir” (“Alice detrás del espejo”) es una nueva mezcla del tema dedicado a su hija realizado en los estudios franceses con la banda de Marsella al completo aportando nuevos arreglos a una de las canciones más emocionantes de amor filial, cantada en primera persona por la propia Alice (“mi padre es un muerto que me lleva en sus brazos él sonríe a la gente que nos mira detrás del cristal”). Y cierra el disco una melodía cinematográfica con un título críptico, “Final” , el final de todo lo que existe no es más que el principio, para entonces se habrá hecho corta la travesía y desearíamos con sed volver a empezar el álbum con “Rue de la soif”. “La sensibilidad va ligada a la voz –envolvente, nasal y congestionada pero dulce- y las manos de Alexandre Lacaze, una suerte de abanderado moderno del spoken work, el folk Coheniano y la chanson française menos chanson.” Mondosonoro".


 

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