Teatro Central, OLIVIER DUBOIS, Sevilla

 

ESTRENO EN ESPAÑA en complicidad con el Mercat de les Flors (Barcelona).

 

Creación: Olivier Dubois

Espectáculo para 22 intérpretes.

 

Con la colaboración de Institut Français y Tiffe 17 temporada cultural.

 

 

OLIVIER DUBOIS, EL COREÓGRAFO Y BAILARÍN QUE EN ABRIL DEL 2014 CON TRAGÉDIE NOS DEJÓ SIN ALIENTO CON SUS 18 CUERPOS DESNUDOS, VUELVE SUPERANDO AQUELLA APUESTA FÍSICA DE NUEVO EL ANTIGUO BAILARÍN DE JAN FABRE CONSIGUE QUE EL TRANCE EN QUE SU SUMERGEN SUS 22 BAILARINES SE CONTAGIE A LOS ESPECTADORES.

 

Con Auguri, Olivier Dubois vuelve a llevar al límite los cuerpos de sus bailarines, con un espectáculo en el que tanto los intérpretes como los espectadores pierden textualmente el aliento.

 

Si la mayor parte de los espectáculos del coreógrafo y bailarín francés son desmesurados y exigen una entrega absoluta por parte de sus bailarines, esta vez, en Auguri Dubois sube la apuesta y gana haciéndolo a número ganador, lo más difícil. En la Bienal de la Danza de Lyón profesionales, crítica y espectadores no salieron de su asombro tras el estreno de esta producción. No era posible el derroche de fisicidad al que habían asistido y que los que les habían regalado aquella generosidad -sin límites- hubieran salido indemnes.

 

En Auguri los intérpretes se abandonan a esprints imposibles, giran como poseídos, corren como maratonianos. Pero en nada se parece este espectáculo a una prueba deportiva, incluso si han tenido que contratar para los ensayos a un preparador físico. Tendría que ver más con los derviches, esos bailarines sufíes que giran, sin solución de continuidad, hasta llegar al trance.

 

Acompañados por la música hipnótica de François Caffenne, durante 60 minutos, los “derviches corredores” de nuestro coreógrafo, los 22 bailarines del Ballet du Nord que dirige desde el 2014, atraviesan el escenario a toda velocidad.

 

Sus trayectorias son lineales y zigzagueantes, con bruscos cambios de dirección. Algunos trazan largas curvas, otros describen itinerarios sinuosos como si se tratara de un eslalon. Corren, sin que sepamos hacia dónde, ni por qué.

 

A veces, chocan, colisionan, dulce o brutalmente. A veces, uno ralentiza su carrera, otro acelera. A veces, un bailarín eleva a una bailarina, pero esta figura no dura más de un segundo… y cada uno retoma su loca carrera. Un efímero grupo se forma, tres bailarines corren en la misma dirección, después, como partículas de mecánica cuántica, desaparecen.

 

Auguri es un fresco que toma elementos prestados de lo divino y lo pagano, una coreografía para perder el aliento, una avalancha, un trueno, un rayo, un tsunami que toma posesión, en sentido literal, de los cuerpos.

 

Una danza basada en la interpretación física de los bailarines, que no corren por una medalla o un récord. Corren como vuelan los pájaros, que observaban los augures para adivinar el futuro. Uno puede hacerse la idea de que corre con ellos, todos sabemos hacerlo, y conforme avanza el espectáculo, en efecto… corremos con ellos, sufrimos y espiramos con ellos.




 

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